"Pienso que eres como esos pobres mirasoles que todas las mañana amanecen esperando ansiosos la llegada del sol. Luego, le siguen su carrera, mirándolo con los ojos muy abiertos, como si quisiera beber su luz, llegar hasta él. Y a la tarde, cuando el sol se pierde en el ocaso, comienzan a marchitarse, a morir, faltos de esa luz que es su vida, para resucitar de nuevo a la nueva salida del sol. Nada de la tierra donde ellos viven les interesa; todo le es indiferente a su alrededor, hasta que llega una noche en que cansados de mirar hacia arriba, sin haber podido llegar hacia él, tras su quimera imposible, se cierran sus ojos para nunca despertar y se doblan sus tallos hacia la tierra amorosa que los recibe en su seno."
Los mirasoles, Acto Segundo, Escena XVI.
17.4.09
Los mirasoles
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